Cuentos de hadas
Mis amigos me llaman kamikaze. ¿Razones? Arriesgo. ¿No está esa frase que dice que el que no arriesga no gana? ¿Qué más da si me equivoco? Supongo que volveré a aprender de mis errores. Soy mayor para creer en los cuentos de hadas, en los que los finales son felices, pero sigo manteniendo que es posible. Los polos opuestos se atraen. Aunque como opuestos tengan sus momentos.
Es más, ahora que lo pienso, ¿qué más da lo que opine la gente de lo que yo haga? En verdad, son mis amigos los que me lo dicen, ellos sí me importan.
Luis tiene razón: el amor, el azar y el sufrimiento van de la mano. ¡Es algo que hemos aprendido todos, genio! Sinceramente, me da igual, voy a vivir mis cuentos de hadas como yo quiera sin mirar las consecuencias, luego ya acarrearé con ellas como siempre hago. Pero tengo 16 años y es momento de disfrutar, de que nadie me quite la sonrisa que me caracteriza. Dibujaré mi mundo con lápices de colores, y si quiero un pitufo pues lo planto en el jardín de mi imaginación.
¡Y al que no le guste que no mire!
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