Una amistad confusa.

Me senté cerca de la orilla del lago y observé el paisaje que me rodeaba, con tranquilidad. El aire hacía que mi pelo ondease con ligereza si llegar a azotarlo. Me abracé las piernas con los brazos, era una postura que me resultaba cómoda. Entonces dejé mostrar una ligera sonrisa por un recuerdo que me había venido a la cabeza.
Un saludo, una sonrisa, una amistad que yo esperaba que llegase a más, pero que no sería así.
Entonces con tristeza me di cuenta de la cruda realidad: yo vestía un simple uniforme típico de una alumna que está apunto de acabar los estudios, una chica que había conseguido lo que tenía apoyada por su familia; él era un joven talentoso que se había ganado la vida desde el primer momento, no con mucho esfuerzo, pero al fin y al cabo, sin ayuda de nadie. Así era como él me veía, nos veía y éso no cambiaría tan fácilmente. Me mordí el labio con suavidad como acostumbraba a hacer. Lucharía. Pelearía por todo lo que quería sin rendirme, al fin y al cabo había empezado en un mundo lleno de secretos con el único apoyo de un padre y ahora había descubierto a una familia entera. Podía con eso y con más, por algo era una Bennett.
Me puse en pie al darme cuenta que llegaba tarde, comencé a andar por el camino de vuelta sin prisa pero con paso avanzado y sobre todo estúpidamente feliz por una idea que me había surgido.




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